Written by rafa hortaleza on lunes, septiembre 08, 2008
Voy a hacer un ejercicio de abstracción, voy a eliminar toda mi fobia al régimen franquista y el genocidio que llevó a cabo, voy a obviar que en nuestra guerra civil existía un bando (republicano) que defendía la legalidad democrática frente a otro, el fascista que carecía de cualquier legitimidad. Voy a no pensar en las diferencias cualitativas y cuantitativas del horror que cometieron en las retaguardias cada uno de los bandos, voy a hacer un ejercicio de abstracción –decía- para centrarme en el mundo de los sentimientos.
Verano 1936
Un joven militante de Falange Española es asesinado en el pueblo de Fuencarral (Madrid) por una banda de asesinos de izquierdas. Puedo imaginar la desolación de esa madre que parió y amo a esa persona, que le cuidó desde que era un bebé, velando en sus enfermedades, amando con el amor que sólo una madre puede tener por su hijo. Que le vio convertirse en un hombre aunque para ella siempre siguió siendo un niño. Puedo imaginar el orgullo y amor de un padre que vería crecer a su hijo, un muchacho hasta verlo convertido en hombre con el orgullo que sólo un padre puede sentir por un hijo. Puedo imaginar el amor de una hermana o hermano hacia su amado hermano, compañero de juegos y vivencias, compañero de vida, con una misma sangre corriendo por las venas….
Y sí, puedo imaginar la desolación que la noticia del asesinato de se hijo, hermano, novio dejó en sus vidas. La incomprensión de ese enorme vació. La sensación de que te han segado a la flor más querida de tu casa. De que se te han llevado a lo que más querías, de que la vida jamás será la misma al perder a tu amado hijo, hermano, novio...
Al menos aquella familia pudo enterrar a su ser querido en el cementerio de Fuencarral dignamente –como todavía puede verse-, ponerle una lápida en un lugar prominente del cementerio, encontrar un escaso consuelo visitando su tumba, poniéndole flores, llorándole todos estos años y volcando su amor a su ser querido al lado de su tumba. Honrándole. Aunque el enorme vacío que dejó su vida segada nunca se pudo llenar.
Verano del 1936, año 1938, 1939, 1940, 1941, 1943, 1943, …., 1950, …, 19….
Un joven socialista, o comunista o republicano es sacado a la fuerza de un camión y fría e implacablemente es asesinado en una mísera cuneta y enterrado allí como un perro. Su madre, como la del falangista de Fuencarral, que le amamantó y le amó, le cuidó, le quiso, temió por el…ve como lo que más quería del mundo le es arrebatado de un golpe. Su padre, que también sintió el mismo orgullo y amor, acaba de perder un hijo, lo que más se quiere en el mundo, y saben que sus vidas jamás serán las mismas, están irremediablemente destrozadas para siempre. Su hermana, su hermano, su novia, su mujer sus huérfanos… todos acaban de perder el pilar que sostenía sus vidas, la persona más amada, algo irreparable que va a dejar un vacío inmenso en sus vidas… para siempre…
Pero ellos no pueden recogerlo, tienen que callar años y años y años, porque su ser querido era un rojo, y debe estar ahí, enterrado como un perro, peor que un perro. Y no pueden enterrarle decentemente, y no pueden llevarle flores, y no pueden honrarle, y no pueden consolarse sentados en su tumba y, peor todavía, no saben exactamente dónde está porque nadie les ha dicho jamás dónde le asesinaron y dónde le enterraron bajo una fina capa de tierra, como un perro.
Y así esta familia ha pasado cada 1º de noviembre sin saber dónde llevar flores, soportando la vergüenza y el dolor de tener a su ser querido enterrado por ahí…
Y ahora, esa familia, o sus descendientes, ven la oportunidad por fin de sacar esos huesos de la tierra, y enterrarlos junto a sus padres, esposa, hermanos en una tumba digna, y honrarles, y llevarle unas flores el 1º de noviembre. Nadie le interesa ya quién le mató, nadie quiere ya revanchas, sólo poder honrar a sus muertos.
Y ahora llega un malnacido como Mariano Rajoy y les dice que no, que lo dejen ahí, como un perro, que casi 70 años después no hay que abrir heridas. Señor Rajoy, no le deseo ni la décima parte del dolor de esas gentes, pero hay que ser un malnacido para negar la oportunidad a nadie de enterrar dignamente a sus muertos, para honrarles, para llevarles flores… nada más, nada menos. Es lo contrario señor Rajoy, es cerrar por fin las heridas que sangraron este país. Cerrarlas para siempre. Aquí de loq ue se está hablando no es más que de piedad para con las familias de los asesinados. Como expresó Miguel Hernandez hace ya mucho tiempo...
(...)
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
(...)

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memoria