Written by Colaboradores Ceros a la Izquierda on jueves, mayo 14, 2009
por Antonio Jesús García Garrido.
Me ha llamado un amigo un tanto sorprendido. Yo no he dicho nunca –no estaría aquí- que el comunismo no sea una herramienta útil. Releed con atención: Izquierda Unida no nace como alternativa, más bien se trataba de reanimar a un muerto, ese muerto (muertos, en plural) no era otro que el PCE y los demás partidos clásicos que sumaron ilusiones. Y me explico, la política no está tan en crisis como pensamos, lo que está en profunda decadencia es la política de y a través de los partidos. O sea, el ideal no me lo he planteado, podría coincidir con Frutos e intentar “contarlo con sencillez” pero para IU, que es de lo que se trata, el comunismo es tan esencial como pueda serlo el socialismo, el ecopacifismo, el socialismo verde, el feminismo, etc. y cuando afirmo que es esencial y lo pongo en negrita, es porque quiero reafirmar que es fundamental, primordial y básico.
Ahora bien... ¿cómo se pasa de hacer política de modo piramidal, con mecanismos internos manipulados y manidos, en retroceso como alternativa, con estructuras y métodos del siglo pasado (perdón, del XIX) a un “movimiento político y social? Es bien sencillo y destacan dos modos: todos nos pasamos a lo nuevo (con nuestras deficiencias, virus, manías, rencores y ambiciones) con lo que “lo nuevo” ya no lo es tanto, o, como no sabemos muy bien qué es eso, vamos y decimos que todo vale en post de la pluralidad y así quedamos modernos, alternativos y marrones, que sí, que sí, marrones (suma natural a la que tienden todos los colores cuando se combinan con mal criterio, y si no me creéis coged plastilina roja, verde y violeta y jugad con la mezcla un rato). Y ahora sin chiste: no planteo que deberíamos seguir siendo rojos puros; verdes puros; violetas, violetas y violetas... alguien planteó que se sumara el blanco de la paz, pues lo sumamos, blanco, blanco y blanco; se me olvidaban las libertades sexuales, arco iris, arco iris y arco iris... ¿falta alguno? Lo metemos sin problemas... De todos modos, yo no me imagino a un comunista en el siglo XXI que no sea ecologista y que no sea feminista (que no sea rojo, verde y violeta) y que comparta, actúe, enseñe y piense en igualdad, en paz, en solidaridad, en desarrollo sostenible... No, no se trataba de ser lo que ya éramos sino, más bien, de ser capaces de contagiarnos, de mestizarnos, de hacernos de otro modo... ¿renunciando a algo? Sí y no.
Yo no renunciaría a la Ley del Valor, a la libertad, a la superación de este modo de consumo y producción, no renunciaría a mis camaradas (no me ruborizo al usar la palabra), ni a la cultura, a una educación en valores más igualitarios, no renunciaría, en definitiva, al comunismo como ideología. Sí habría intentado quitarme de encima un modo de hacer política que no convence, me habría sacudido mi antigüedad de miras, los “regates en corto” de los liberados, la falta de medios y de imaginación para combatir, precisamente, esa falta de medios... es decir, me habría quedado la gente y las ideas y habría renunciado a un partido fin en sí mismo.
Aprovechando los comentarios que han aparecido en el blog (más tres llamadas de teléfono) debo matizar algunas cuestiones. En primer lugar, yo no he criticado a los liberados en particular porque no se trataba de eso (tengo muy buenos amigos liberados que creo hacen un trabajo extraordinario en calidad y en cantidad y sin los que nos iría bastante peor de lo que nos va). Mi crítica va dirigida a los liberados que piensan que se valen por sí solos para arreglar el mundo, que ellos son IU e IU es ellos, que pueden decir o promover lo que quieran –no ya hacer y deshacer- o los que piensan que son muchísimo más listos que los demás, que conspiran como su principal activismo político y que, antes de ser liberados ya eran aspirantes a liberados. Cuando me planteé que IU no era sus circunstancias, una, pero una, de las razones por las que estaba o actuaba lejos de la realidad era por parte de sus liberados y parte de sus estructuras... pero veréis que plantearé al final la parte de culpa que tengo yo, la que tenemos todos. Por acabar este apartado, pienso que en la organización hay liberados políticos y esclavos políticos, gente que está ahí por un don divino y divinamente, y los que están poniendo dinero de su bolsillo, horas, sacrificios personales y mucha ilusión y trabajo... pero ni siquiera éstos últimos se libran de la crítica si no se someten a lo acordado.
Si hacemos caso –os lo recomiendo- a todos aquellos que han teorizado que los partidos clásicos están en crisis y le hacemos caso –no os lo recomiendo- a los fukuyamas que anticiparon el fin de la historia, tenemos el doble de argumentos para que “nos desaparecieran”, por cierto, puesto a recomendar me quedo con Galeano: Fin de la historia. El tiempo se jubila, el mundo deja de girar. Mañana es otro nombre de hoy. La mesa está servida, y la civilización occidental no niega a nadie el derecho de mendigar las sobras[1]. Y el caso es que nuestros argumentos no eran, no son, malos... más bien al contrario.
Se me va a acabar el espacio y me voy sin hablar de lo heredado así es que directo al asunto. Nuestro modo de ver el mundo (ojo, que evito adrede la palabra análisis) no está nada mal... tan poco mal que si el objetivo fuera vender algo y nos pusiéramos en manos de unos buenos publicistas quizá hasta obtendríamos beneficio. Podemos enfocar el producto, además, desde varias perspectivas muy atractivas: tenemos tradición, somos artesanos, en general buena gente y honesta, caemos bien...
Hace no demasiado tiempo en este país se nos apresaba, perseguía y fusilaba. Hace un poco menos fuimos capaces de impulsar y dirigir un sindicato de clases que se convirtió en la “bestia negra” de los empresarios y otra gente de mal vivir y mientras, se luchaba contra la dictadura sin estructuras fijas y casi sin medios. Hace menos aún los intelectuales y la gente del mundo de la cultura nos tenían de referente directo o mucho mejor, eran parte de nosotros. Hace no demasiado se cayó el muro de Berlín y aún así, o precisamente por eso, fuimos capaces de poner en marcha un proyecto nuevo. Ahora bien, canta Mercedes Sosa que: Cambia lo superficial. Cambia también lo profundo. Cambia el modo de pensar. Cambia todo en este mundo.. ¿es eso lo que nos ha ocurrido y marcado? ¿Hemos cambiado? Creo que sí pero para mejor, lo que sí ha cambiado, involucionando a niveles del antro platónico, ha sido la sociedad.
El sistema actual al que nos enfrentamos está bien engrasado, bien vacunado y bien dirigido. Primero nos hicieron parecer unos trasnochados idiotas, al tiempo tejían una estrategia elegante y multidisciplinar, de un lado se satisfacían “necesidades” muy por encima de lo básico y de otro se nos educaba y enseñaba en un consumo de la apariencia, del empate con el vecino. En lo político se nos convencía de la moderación y la tendencia al centro y al tiempo se nos ofrecían dos únicas opciones que inauguraban un periodo de estabilidad y bipartidismo (al menos en cuanto a la política estatal). De un lado se nos culpabilizaba porque frenábamos el progreso y de otro, cual escaparate inaccesible, se nos iba mostrando un mundo único e incomparable. De un lado nos hacían caer en el olvido y de otro éramos nosotros quienes nos olvidábamos de una realidad compleja.
Me estoy pasando. Esto ya es aburrido. En la próxima responderé a algunas cuestiones y veremos los modelos actuales.
[1] Eduardo Galeano, Ser como ellos y otros artículos, Siglo Veintiuno Editores, México, 1992.
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